La ciencia histórica después de Ken Ham

Hace unos pocos días hubo una especie de debate con Richard Dawkins después que en su cuenta de Twitter publicara el siguiente mensaje: ”Why didn’t a historian write The Better Angels of Our Nature? Why did it take a scientist?” Esta pregunta era una manifestación de admiración por el trabajo de Steven Pinker, renombrado científico y además uno de los asociados más recientes al movimiento por la razón y la ciencia de Dawkins, donde presenta una visión del descenso milenario de los índices de violencia en la humanidad. Después de unas cuantas réplicas donde se hizo evidente la permanencia de la idea de una división entre las ciencias duras y las ciencias blandas (humanidades y ciencias sociales), Dawkins terminó “aceptando” que simplemente lo habíamos malinterpretado y que no se refería a que la historia no fuera una ciencia sino que los historiadores no habían realizado la síntesis que desarrolló Pinker.

Esta mañana recordé esa pregunta al escribir en el buscador: “historical science” y no encontrar más que referencias al debate entre Ken Ham y Bill Nye. El problema, Ken Ham manifestó que la ciencia histórica era el sustento de la idea de la creación divina, la fundamentación del creacionismo, mientras la ciencia observacional daría fundamento a la tecnología y desarrollo científico actual. Para Ham y sus seguidores esta sería la idea perfecta para una vez más refutar a los científicos ateos, pero para nosotros como historiadores nos sitúa en una posición complicada, otra vez.

La vociferación de Dawkins pudo significar una asociación (consciente o inconsciente) entre esta idea de Ham y la exposición de una historia científica por parte de Pinker, pero más aún, es preocupante el silencio de los historiadores respecto a la manifestación de los creacionistas. Los creacionistas reducen la ciencia histórica a la biblia moderna, que ni siquiera se analiza como fuente (para ellos el productor del documento es dios y su intencionalidad es la comunicación con los hombres), más aún, para ellos el origen del lenguaje, de la historia como tradicionalmente se reconocía, se origina con la primera frase escrita en el génesis, y la multiplicidad cultural se haya fundamentada en la torre de babel.

Una de las pocas réplicas desde la perspectiva del historiador la hizo el alemán Olaf Simons en un artículo del blog positivist. Allí dedica un apartado a responder la pregunta “¿…y la protesta de los historiadores?”, la cual quiero traducir:

… es más que la declaración de testigos presenciales que hizo Ham. Hemos aprendido que las ciencias son instituciones basadas en la evidencia ocular y la historia no lo es  ¿No tuvismos los historiadores un profundo debate acerca de la duda que debía prevalecer ante cualquier afirmación histórica: el debate respecto al Pirronismo histórico de los siglos XVI y XVII?  Lo gracioso es que tanto antes como ahora, no hemos podido resolver ese problema. En cambio, nos hemos dado cuenta que la base puramente documental está llena de problemas.  La solución al problema basada en testigos oculares es un resurgimiento sorprendente en este debate después de muchos años, ya que nosotros (es decir, historiadores como Pierre Bayle) despreciamos al testigo ocular como la peor fuente de todas desde 1690.  El testigo ocular tiene evidentes visiones personales, siempre tienen el conocimiento más limitado, describen las cosas como se les presentan. Pueden manipularse con preguntas, pueden manipularnos con sus variadas agendas políticas y religiosas. Pueden decir lo que  quieran, pero somos los historiadores los que les damos su posición respecto a las reconstrucciones del pasado.

¿Cerramos nuestras Facultades en la década de 1740 cuando historiadores como Martin Chladenius afirmaron que toda la historia era un tipo de crítica de narracionea literarias diseñada para hacer sorprendentes puntos de vistas basados en controversias? No.  Esa realidad inició una revolución: Trasladamos el debate acerca de la inseguridad de la evidencia, la misma discusión acerca de las interpretaciones tentativas que inició con el debate acerca del Pirronismo histórico desde el márgen de la ciencia hacia su mismo centro. La historia se convirtió en un debate abierto acerca de las evidencias y sus posible interpretaciones.

Ken Ham tiene razón, ni él ni Nye estuvieron presentes cuando el Gran Cañón se formó. Ambos, puedo añadir, estaban ausentes cuando Napoleón marchaba sobre este globo (y no estaban en Alemania ayer, por cierto). La pregunta “¿dónde estaba usted cuando esto sucedió?” es de hecho irrelevante. Es un movimiento muerto en un juego de ajedrez que ya está decidido de antemano. ¿Y las ciencias naturales? ¿Son el mundo feliz donde la historia no existe? O no lo quieren aceptar: Son ellos mismos una ciencia histórica. Los resultados de las pruebas relacionadas con colisiones atómicas producidas en una acelerador de hadrones son absolutamente históricas. Tu no estás en el punto donde esas partículas chocan entre sí, y son tan rápidas que de todas formas no se pueden observar. Lo que obtienes es un resultado de la prueba, y lo que interpretas es la evidencia restante. Tu haces esto después de una prueba en el colisionador, la interpretación de la ecidencia es el trabajo de los astrofísicos, de los físicos, de los geólogos y paleontólogos, y ese es el trabajo del historiador.

De la misma manera, Randall J. Stephens  en compañía del físico Karl W. Giberson han manifestado como estas ideas de Ham han calado en torno a dos corrientes que hacen carrera en Estados Unidos: el anti-intelectualismo y el emprendimiento religioso[*], basado en la creación de negocios a partir de la negación de la evolución y la “interpretación literal” de la biblia moderna. Pero de las pocas (poquísimas) menciones de historiadores acerca del problema me causó curiosidad la de Dan Anstead, quien hizo un llamado a entender y abordar las preguntas planteadas por los creacionistas, aislándolas del campo científico, pero analizándolas desde la historia, la filosofía y la moral.

Estoy de acuerdo con Anstead en no evadir el creacionismo, pero no para responder sus preguntas, sino para cuestionarnos nosotros mismos. ¿Estamos más cerca del creacionismo que de la ciencia? ¿Es posible que el rechazo a ultranza del positivismo y la adopción de una idea de absoluta subjetividad en la interpretación histórica nos acerque más a ser considerados pseudociencia antes que científicos? Básicamente, si queremos ser cuenta cuentos, lo mejor escomenzar a  buscar trabajo en los museos creacionistas de Ken Ham…

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